World Liberty Financial (WLF), el proyecto cripto de los hijos de Donald Trump, aceptó una inversión de U$S 500 millones por casi la mitad del capital, respaldada por el poderoso jeque Tahnoon bin Zayed al‑Nahyan, apenas días antes de la asunción del actual presidente de Estados Unidos.
Un año antes de que el primer campus de inteligencia artificial de 5 GW empiece a levantarse en Abu Dabi con bendición de Washington, otra jugada mucho más silenciosa ya había unido a los mismos protagonistas: la familia Trump, el círculo de poder emiratí y una nueva pieza del engranaje cripto global.
Medio billón de dólares por el 49% de World Liberty Financial
En enero, WLF firmó un acuerdo con un grupo de inversores respaldados por el jeque Tahnoon bin Zayed al‑Nahyan, asesor de seguridad nacional de los Emiratos Árabes Unidos y hombre fuerte detrás de un vasto imperio empresarial y de inversión. El paquete, valuado en U$S 500 millones, le dio a los emiratíes “alrededor del 49 por ciento” del capital de la compañía, según reveló primero The Wall Street Journal y confirmaron luego portavoces de la firma.
David Wachsman, vocero de World Liberty Financial, defendió la operación en términos estrictamente corporativos. La empresa aceptó la inversión “porque creemos firmemente que era lo mejor para nuestra compañía a medida que seguimos creciendo”, señaló.
Wachsman negó de plano que hubiera un vínculo entre el desembolso y un acuerdo posterior para otorgar a Emiratos acceso a chips de inteligencia artificial de última generación: “Cualquier afirmación de que este acuerdo tuvo algo que ver con las acciones de la administración sobre chips es 100 por ciento falsa. Los medios de izquierda están impulsando de manera deshonesta insinuaciones sin base en un esfuerzo por engañar al público y difamar a nuestra compañía”, afirmó.
Trump, Witkoff y la fina línea entre política y negocios
World Liberty Financial se creó a fines de 2024 por los tres hijos de Trump y por Zach y Alex Witkoff, hijos del desarrollador inmobiliario Steve Witkoff, hoy enviado especial del presidente para Medio Oriente. En la web de WLF, Donald Trump figura como “co‑fundador emérito” al igual que Steve Witkoff, aunque la empresa insiste en que ambos se corrieron del negocio al llegar al poder. “Ni el presidente Trump ni Steve Witkoff tuvieron participación alguna en esta transacción y no han tenido ninguna participación en World Liberty Financial desde que asumieron el cargo”, aseguró la compañía en un comunicado.
La Casa Blanca se alineó con esa versión. “El presidente solo actúa en el mejor interés del público estadounidense”, señaló la oficina presidencial, subrayando que sus activos están en un fideicomiso administrado por sus hijos. David Warrington, abogado de la Casa Blanca, fue más explícito: “El presidente no tiene participación en acuerdos de negocios que implicarían sus responsabilidades constitucionales”.
Del lado de Witkoff, una persona cercana al enviado especial buscó marcar distancia. Sus hijos son quienes manejan WLF y él “no tiene nada que ver” con la empresa, afirmó. Sobre las negociaciones vinculadas a la emiratí G42, el mismo interlocutor agregó: “Steve no estuvo involucrado en negociaciones relacionadas con [la compañía de IA emiratí] G42. Solo fue informado sobre estas discusiones, lo que es totalmente apropiado”.
AI campus de 5 GW y la apuesta emiratí por los chips de Nvidia
La inversión en WLF no se entiende sin el telón de fondo tecnológico y geopolítico (¿y personal?). En un viaje al Golfo en mayo del año pasado, Trump y su par de Emiratos, el jeque Mohamed bin Zayed al‑Nahyan, anunciaron planes para construir el mayor campus de centros de datos de inteligencia artificial fuera de EE.UU. en Abu Dabi. Se trata de un complejo de unas 10 millas cuadradas con capacidad de 5 GW para data centers, equivalente a “más de 2 millones” de chips GB200 de última generación del fabricante Nvidia, según las proyecciones oficiales.
Tahnoon ha sido el cerebro de la ofensiva emiratí en IA. Preside G42, la empresa de inteligencia artificial que lidera el proyecto del campus, y MGX, un fondo estatal dedicado a inversiones en este sector. También jugó un rol clave en las conversaciones con Washington para asegurar el acceso a los chips de Nvidia tras el giro de la administración Trump, que abandonó los límites heredados de la era Biden a la exportación de hardware avanzado y los reemplazó por un esquema de “intereses respaldados por EE. UU. en el extranjero”.
En paralelo, Emiratos —aliado tradicional de Estados Unidos— se comprometió a invertir cientos de miles de millones de dólares en el país, consolidando un vínculo donde la frontera entre política exterior, seguridad tecnológica y negocios privados luce cada vez más porosa.
Kushner, MGX y el uso de la stablecoin USD1 para invertir en Binance
El vínculo entre el círculo Trump y los fondos del Golfo no se limita a WLF. Antes de la reelección presidencial, el fondo de private equity de Jared Kushner, Affinity Partners, recaudó U$S 1.500 millones combinando capital del fondo soberano de Qatar y de un vehículo de Abu Dabi vinculado al propio Tahnoon.
Ya con WLF en marcha, se sumó una pieza clave del rompecabezas cripto: la stablecoin USD1, ligada al dólar y emitida por World Liberty Financial. El año pasado, Zach Witkoff anunció que el vehículo de inversión MGX, respaldado por Abu Dabi, decidió utilizar la USD1 “como stablecoin oficial” para cerrar su inversión de U$S 2.000 millones en el exchange Binance.
El propio Eric Trump celebró que la stablecoin respaldada por WLF fuera elegida para esa operación, subrayando que USD1 se convertiría en “la stablecoin oficial utilizada para cerrar la inversión de U$S 2.000 millones de MGX en Binance”. Witkoff, por su parte, adelantó que el objetivo de la plataforma es posicionar a USD1 como “la stablecoin preferida en el ecosistema DeFi y CeFi”, y que el equipo de WLF “está trabajando muy duro” para lograr integraciones en sistemas de pago minoristas tradicionales.
MGX, un fondo respaldado por el gobierno de Abu Dabi, explicó luego que eligió a USD1 para esa transacción porque Binance había solicitado que el acuerdo se cerrara en criptomonedas, y porque la stablecoin estaba alineada con “la moneda de los activos subyacentes” y con el “historial de cumplimiento” que exigía el fondo, aun cuando USD1 era un producto prácticamente nuevo en ese momento.
La diplomacia del stablecoin: entre la innovación y el conflicto de interés
La combinación de un campus de IA de escala sin precedentes, acceso prioritario a chips de Nvidia y un venture cripto familiar con participación emiratí mayoritaria plantea un escenario inédito para la intersección entre geopolítica y activos digitales. Por un lado, USD1 y WLF se posicionan como herramientas para canalizar inversiones multimillonarias —como la de MGX en Binance— y, potencialmente, para operar como infraestructura financiera en acuerdos estratégicos entre Washington y Abu Dabi.
Por otro, la secuencia temporal alimenta las sospechas de captura regulatoria y conflicto de interés que WLF intenta desactivar. Que el acuerdo de U$S 500 millones por el 49% de la compañía se haya firmado “días antes” de la asunción de Trump, y que luego se anunciara un megaproyecto de IA en Abu Dabi con acceso excepcional a tecnología estadounidense, es el tipo de trama que dispara investigaciones en el Congreso y titulares encendidos en la prensa.
Desde el entorno de WLF, la línea es clara: Wachsman insiste en que “cualquier afirmación” que vincule el deal con las decisiones sobre chips “es 100 por ciento falsa” y responsabiliza a “los medios de izquierda” por “promover insinuaciones sin fundamento”. La Casa Blanca, a su vez, repite que el presidente “no tiene participación en acuerdos de negocios que implicarían sus responsabilidades constitucionales”.
Pero para una industria cripto que en medio de una crisis busca legitimarse en los mercados globales —Binance incluida— la incómoda pregunta permanece: ¿dónde termina la innovación financiera y dónde empieza la diplomacia de chequera anclada en stablecoins diseñadas en familia? Mientras el capital del Golfo y el poder político de Washington se entrelazan a través de WLF y USD1, el caso se vuelve referencia obligada para cualquier debate serio sobre gobernanza, transparencia y riesgos sistémicos en la nueva era de las finanzas tokenizadas.


















