En apenas cinco años, las stablecoins pasaron de ser un experimento marginal a convertirse en compradores clave de deuda de Estados Unidos, alimentando una batalla feroz entre Wall Street y el ecosistema cripto que hoy fractura a los propios aliados de Donald Trump.
De nicho cripto a grandes tenedores de Treasuries
En 2025, Tether, el mayor emisor de stablecoins, realizó compras netas de bonos del Tesoro de Estados Unidos por U$S 28.200 millones, lo que lo convirtió en el séptimo mayor comprador extranjero, por delante de países como China. Sumados, los bonos del Tesoro en manos de Tether y Circle ya superan cómodamente las tenencias de mercados como Corea del Sur o Arabia Saudita.
Cinco años atrás, el mercado de stablecoins era prácticamente irrelevante; hoy ronda los U$S 300.000 millones y en Washington no son pocos los que proyectan que podría escalar hasta U$S 3 billones en los próximos años. Para el secretario del Tesoro, Scott Bessent, estas monedas estables son una herramienta para “promover el uso global del dólar” y absorber una porción creciente de la deuda estadounidense.
El GENIUS Act y el miedo de los bancos
En 2025 la Casa Blanca impulsó y logró la aprobación bipartidista del GENIUS Act, una ley diseñada para traer a los grandes emisores de stablecoins al perímetro regulado de las finanzas estadounidenses. La norma prohíbe a emisores como Tether pagar intereses sobre sus tokens, pero abre la puerta a que terceros –como Coinbase u otros exchange– ofrezcan recompensas o rendimientos a los usuarios.
Ese “detalle técnico” encendió las alarmas de la gran banca. La Bank Policy Institute sostiene que “el crecimiento de las stablecoins reducirá los depósitos bancarios y el crédito”, y advierte que una fuga masiva de depósitos podría “incrementar el riesgo de una crisis financiera” similar a la de 2008. Detrás del temor hay números: los bancos comerciales estadounidenses custodian unos U$S 18 billones en depósitos, y ejecutivos como Brian Moynihan han llegado a plantear que hasta U$S 6 billones podrían migrar a plataformas de stablecoins si se consolida el pago de rendimientos sobre estos instrumentos.
La respuesta cripto: “los bancos quieren mantener su monopolio”
Del otro lado, la industria cripto rechaza la idea de que los depósitos vayan a evaporarse o que el sistema bancario quede desfinanciado. Los defensores de las stablecoins recuerdan que una porción creciente del crédito en Estados Unidos ya proviene de mercados privados y no de bancos, y que frenar el desarrollo de estos tokens solo daría ventaja a China, que ya permite pagar interés sobre el yuan digital.
Brian Armstrong, CEO de Coinbase, fue directo al señalar el verdadero trasfondo de la pelea. “Los bancos quieren prohibir las recompensas para mantener su monopolio”, lanzó, en una frase que se convirtió en eslogan dentro del sector cripto y desató la furia pública de Jamie Dimon, CEO de JPMorgan. Para las empresas cripto, limitar el crecimiento de las stablecoins implicaría ceder terreno en innovación financiera y en la disputa por la hegemonía del dólar frente a monedas digitales soberanas como la china.
El estancamiento del CLARITY Act
Tras el GENIUS Act, la Casa Blanca impulsó un nuevo proyecto, el llamado CLARITY Act, para definir de manera más precisa qué tipos de recompensas o rendimientos pueden ofrecer los intermediarios que trabajan con stablecoins. Mientras los reguladores intentan trazar la frontera entre “interés” y “recompensas” ligadas al uso del token, los bancos presionan por una prohibición total de cualquier forma de yield, incluso aquella asociada a programas de fidelización o actividad.
Las conversaciones recientes en la Casa Blanca terminaron en un punto muerto. Las entidades financieras llegaron con un documento de principios que reclamaba que la actividad con stablecoins “no debe generar fuga de depósitos que socave el crédito para Main Street”, mientras que los representantes cripto defendieron que las recompensas por uso son “fundamentalmente distintas” del pago pasivo de intereses por mantener saldos inmóviles. El resultado, por ahora, es la parálisis legislativa y un sector que sigue creciendo entre vacíos normativos.
Una fractura dentro del trumpismo
El debate regulatorio dejó de ser solo técnico y se volvió profundamente político. Trump llegó a la Casa Blanca reivindicándose como aliado del mundo cripto, después de que la industria se convirtiera en su mayor donante de campaña en 2024 y mientras los demócratas denuncian que su círculo íntimo está fuertemente “invertido” en activos digitales. A la vez, figuras clave de su gabinete, como el secretario de Comercio Howard Lutnick, mantienen vínculos estrechos con Tether y con la expansión de las stablecoins como nuevo canal de financiamiento.
Pero esa sintonía choca con el peso político y financiero de Wall Street y de los bancos comunitarios, históricos donantes republicanos y actores centrales para la base populista de Trump en el interior del país. El enfrentamiento por las stablecoins se transformó así en una guerra entre facciones dentro del propio trumpismo: de un lado, los tecnólogos y magnates cripto; del otro, los grandes bancos y las entidades locales que temen perder depósitos.
En este tablero, la regulación de las stablecoins se volvió algo más que una discusión sobre reservas, yields y bonos del Tesoro. Es un termómetro de cómo se redistribuye el poder dentro del bloque que hoy gobierna Washington, y de hasta qué punto la próxima gran infraestructura del dinero –on-chain o en los balances bancarios tradicionales– reescribirá las reglas de la política y las finanzas globales.
















