Bitcoin pierde brillo de “oro digital” mientras Trump agita la tensión geopolítica

El retroceso de Bitcoin a mínimos de los últimos meses volvió a poner en jaque su narrativa como refugio de valor, justo en un momento en el que el oro físico marca máximos históricos y concentra la atención de los inversores globales. El contraste no es menor para América Latina, donde la tesis del “oro digital” había ganado terreno como alternativa frente a inflaciones crónicas y monedas débiles.

Del récord histórico al tropiezo bajo U$S 80.000

El fin de semana, Bitcoin tocó los U$S 77.020, con una caída superior al 8% en la jornada y un retroceso cercano al 13% en lo que va del año. El movimiento se produce apenas meses después de que la criptomoneda alcanzara máximos históricos en torno a los U$S 125.000 a fines del año pasado, impulsada por el entusiasmo que generaron las medidas cripto‑friendly del presidente Donald Trump, desde el nombramiento de reguladores afines hasta el freno a acciones de cumplimiento contra empresas del sector y la aprobación de un marco clave para las stablecoins.

Mientras tanto, el oro siguió un camino inverso. En los últimos días, el metal precioso llegó a escalar 23% y superó los U$S 5.600 por onza, antes de corregir con fuerza hasta la zona de U$S 4.800. Ese comportamiento revalidó al oro como activo refugio clásico en contextos de tensión comercial y geopolítica, justo cuando la historia de Bitcoin como “versión digital” del metal empieza a mostrar fisuras.

“Un activo en busca de modelo de valuación”

El giro en el clima de mercado se refleja en la lectura de los grandes jugadores globales. “Bitcoin es un activo en busca de un modelo de valuación”, plantea Ilan Solot, estratega senior de mercados globales en Marex Solutions. Para el analista, “no hay un consenso claro” sobre qué debería realmente explicar su precio, más allá de la narrativa, lo que deja a la criptomoneda expuesta a cambios bruscos de humor macro.

Desde el mundo de la renta fija, la visión es aún más dura. Pramol Dhawan, director general en Pimco, sostiene que el relato del oro digital “se desvaneció” y que la caída reciente demuestra que Bitcoin “no es una revolución monetaria”. Dicho en clave latina: la apuesta de que BTC funcionaría como un nuevo patrón de valor inmune a los vaivenes de la política y los bancos centrales, por ahora, no pasó la prueba del campo de juego.

Trump, aranceles y la politización de Bitcoin

Paradójicamente, parte del rally de 2025 se apoyó en el entusiasmo por la agenda pro‑cripto de la Casa Blanca. La euforia incluyó la designación de funcionarios favorables al sector, el freno a medidas de enforcement contra exchanges y proyectos, y la sanción de reglas “históricas” para las stablecoins. Pero el escenario cambió cuando la administración Trump empezó a tensionar el tablero global con amenazas de aranceles, pedidos de anexión como el de Groenlandia y choques con países como Irán y Venezuela.

En ese contexto, los inversores hicieron lo que suelen hacer en momentos de riesgo geopolítico: se volcaron masivamente al oro y la plata, mientras trataban a las criptomonedas como activos de riesgo. “Bitcoin está siendo asociado con la administración”, advierte un venture capitalist cripto, y agrega que el activo está “pagando el precio de estar asociado con el partido [Republicano]”. Para mercados emergentes como los latinoamericanos, donde la estabilidad institucional de Estados Unidos suele ser ancla, esa politización de BTC agrega una nueva capa de volatilidad.

Correlación inestable y “crisis de identidad”

Los datos recientes confirman que la supuesta correlación estable entre Bitcoin y el oro era, en el mejor de los casos, intermitente. “La correlación de Bitcoin con el oro es esencialmente inestable, oscilando entre relaciones fuertemente positivas y negativas según la narrativa macro dominante”, escribieron analistas de la firma de research cripto Kaiko. Y remataron con una frase que resuena en las mesas de trading: “La volatilidad por los aranceles expuso la crisis de identidad de Bitcoin”.

Solot va en la misma dirección al repasar la evolución del perfil inversor en BTC. Los primeros adoptantes compraban convencidos de la tesis del oro digital, anclada en la escasez del activo y su carácter descentralizado. Pero con la entrada masiva de institucionales en los últimos años, “ya no es estrictamente esa visión filosófica”, señala. “Era una visión más vieja, que fue puesta a prueba y no funcionó”, sentencia, sugiriendo que el relato romántico chocó con las dinámicas reales del mercado financiero global.

De BTC a mercados de predicción y derivados cripto

Frente a este escenario, parte del capital más sofisticado del ecosistema empieza a mirar hacia otros nichos. Solot apunta que los traders minoristas más activos están hoy más entusiasmados con mercados de predicción como Polymarket y Kalshi, donde se puede apostar sobre eventos como quién será el próximo presidente de la Reserva Federal o quién ganará el Abierto de Australia. Ese tipo de plataformas, que combinan finanzas, política y entretenimiento, ganaron tracción justamente en un entorno donde la narrativa direccional sobre Bitcoin luce menos clara.

Al mismo tiempo, menciona que exchanges como Hyperliquid crecieron en popularidad entre expertos cripto por su oferta de productos derivados complejos. Para los grandes institucionales, el auge de los “perpetuals” y de las compañías de tesorería que gestionan activos digitales en masa “diluye el capital y la atención” que antes se concentraba casi exclusivamente en BTC. En otras palabras, el ecosistema ya no orbita alrededor de un solo activo, y eso puede ser tanto una señal de maduración como un desafío para quienes seguían viendo a Bitcoin como el único protagonista del nuevo sistema financiero.

Para los usuarios y reguladores de América Latina, que vienen usando Bitcoin y stablecoins como vías de escape frente a controles de capital y devaluaciones, el mensaje de fondo es incómodo pero necesario: más allá del marketing del “oro digital”, la criptomoneda madre sigue definiendo su rol en la arquitectura financiera global. Y, al menos por ahora, los dólares, el oro y la política de Washington siguen marcando el ritmo.

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