De acuerdo con Abansa, el saldo total de depósitos alcanzó en enero los U$S 22.306,4 millones, lo que supone un aumento de U$S 3.220,3 millones frente al mismo mes de 2025. El avance del 16% interanual consolida “una tendencia de expansión sostenida en la captación de recursos”.
Es noticia hablar de El Salvador sin mencionar a su presidente, a sus sistema de seguridad ni al Bitcoin. Y es muy sano que así sea. El Salvador arrancó 2026 con un sistema bancario que no solo luce más líquido, sino también más dinámico que el resto de la economía.
Según el último informe de desempeño financiero de la Asociación Bancaria Salvadoreña (Abansa), los depósitos crecieron 16% interanual en enero, muy por encima del avance del crédito y de la actividad económica medida por el Índice de Volumen de la Actividad Económica (IVAE).
Ese colchón de liquidez aparece como un dato clave para un país que busca posicionarse como laboratorio regional de activos digitales y tokenización, pero que sigue apoyándose en una banca tradicional robusta para canalizar ahorro y financiamiento.
Depósitos récord: U$S 22.306 millones y fuerte sesgo a la vista
De acuerdo con Abansa, el saldo total de depósitos alcanzó en enero los U$S 22.306,4 millones, lo que supone un aumento de U$S 3.220,3 millones frente al mismo mes de 2025. El avance del 16% interanual consolida “una tendencia de expansión sostenida en la captación de recursos” por parte de las entidades y coloca a los depósitos como uno de los principales indicadores de fortaleza del sistema.
La composición muestra un claro predominio del ahorro transaccional. Los depósitos a la vista —que agrupan cuentas de ahorro y corrientes— representan el 61% del total, con U$S 13.714 millones y un crecimiento del 17% interanual. Los depósitos a plazo, en tanto, concentran el 36%, con U$S 8.165 millones y una suba del 15% frente a un año atrás. En conjunto, estas partidas siguen siendo la principal fuente de fondeo de la banca: a enero de 2026 explican la mayor parte de los U$S 25.022 millones en fuentes de recursos, muy por encima de instrumentos como emisiones de títulos o préstamos recibidos.
El contraste con el resto de las variables macro es evidente. Mientras los depósitos avanzaron 16%, el crédito total creció 8% en el mismo período y el IVAE apenas alrededor de 2%, según el informe. La brecha sugiere que el sistema financiero está acumulando liquidez a un ritmo mucho mayor que el de la economía real, lo que abre espacio para una expansión adicional del crédito si la demanda de financiamiento se acelera.
Crédito en expansión, con el motor en las empresas
El stock de préstamos del sistema alcanzó los U$S 19.137,5 millones en enero, un crecimiento interanual del 8% equivalente a U$S 1.552 millones adicionales colocados en distintos segmentos. El impulso viene claramente del lado corporativo: la cartera empresarial subió 12%, mientras que los créditos a vivienda y a personas lo hicieron a un ritmo más moderado, del 4% en ambos casos.
Por sectores, la construcción lidera el ranking con un incremento de U$S 334 millones, que implica una expansión del 31% respecto de enero de 2025. Le siguen comercio, con U$S 275 millones adicionales (9%), y servicios, con U$S 257 millones (16%). La radiografía apunta a una reactivación de los rubros más intensivos en empleo y actividad urbana, en línea con una economía que busca consolidar proyectos de inversión en infraestructura y turismo, mientras acompaña el giro hacia servicios financieros y tecnológicos.
En paralelo, la calidad de la cartera mejora. Los créditos vencidos cayeron 10% interanual, hasta U$S 284 millones, y el índice de mora se mantuvo en torno al 1,4%, un nivel considerado bajo en comparación con estándares regionales. En términos de solvencia, el capital regulatorio sobre activos ponderados por riesgo se ubica en 15%, lo que, de acuerdo con Abansa, refleja “la capacidad de las entidades para absorber pérdidas y sostener su operación en escenarios adversos”.
Más liquidez que actividad: margen para el próximo ciclo
La combinación de depósitos en fuerte crecimiento, crédito al alza y mora contenida dibuja un sistema bancario con “altos niveles de liquidez, crecimiento sostenido y estabilidad en sus indicadores clave”, concluye el informe. El salto de 16% en la captación no solo refuerza la confianza de los usuarios en la banca, sino que “abre espacio para una mayor expansión del crédito en los próximos meses”, en la medida en que la demanda de financiamiento acompañe.
Ese diagnóstico se vuelve relevante en un contexto en el que El Salvador recibe atención global por su experimentación con Bitcoin como moneda de curso legal y por iniciativas vinculadas a bonos volcán, tokenización de activos y nuevas formas de intermediación financiera. El documento de Abansa recuerda que el sistema bancario tradicional sigue siendo el pilar del fondeo y la canalización de ahorro interno, pero reconoce que el país se está “posicionando como un mercado financiero en transformación, con iniciativas vinculadas a activos digitales, tokenización y nuevas formas de intermediación que podrían, en el mediano plazo, interactuar con la banca tradicional”.
Banca sólida en un ecosistema en transición
Por ahora, los datos de enero de 2026 hablan más de estabilidad que de disrupción. Los depósitos siguen creciendo a doble dígito, la cartera de crédito se expande con foco en empresas y sectores productivos, la mora baja y los ratios de capital se mantienen holgados. La pregunta de fondo es cómo convivirán esa banca sólida y cada vez más líquida con el ecosistema de activos digitales que el país impulsa desde 2021.
Si las iniciativas de tokenización, bonos vinculados a Bitcoin y nuevas plataformas de inversión ganan tracción, es probable que buena parte de ese proceso pase —al menos en una primera etapa— por las propias entidades que hoy concentran U$S 22.306 millones en depósitos y U$S 19.137,5 millones en préstamos. En ese escenario, el informe de Abansa puede leerse como algo más que un parte de situación: es una señal de que, más allá de la narrativa cripto, la banca salvadoreña entra en la próxima fase de su experimento financiero con los deberes prudenciales en orden y un importante margen de maniobra para acompañar —o resistir— la próxima ola de innovación.

















