El BIS, de la mano de Hyun Song Shin, advierte que las stablecoins arrastran una fragmentación estructural: mismas monedas en decenas de blockchains, puentes vulnerables y congestión necesaria para pagar validadores, un combo incompatible con la “singleness” que exige el dinero.
La narrativa cripto lleva años vendiendo a las stablecoins como el “dinero del futuro”: dólares tokenizados que circulan 24/7 y prometen reemplazar a la infraestructura bancaria tradicional. Pero para Hyun Song Shin, jefe del Departamento Monetario y Económico del Banco de Pagos Internacionales (BIS), la promesa llega con un defecto estructural: fragmentan justo donde el dinero necesita ser único.
En un nuevo paper técnico, Shin sostiene que la arquitectura misma de las blockchains públicas hace que las stablecoins sean “intrínsecamente incompatibles” con los efectos de red que dan valor social al dinero.
Singleness: por qué el dinero tiene que ser “uno solo”
El punto de partida de Shin es simple: para que el dinero funcione como medio de pago cotidiano —“para pagarle al lechero”, en su ejemplo— tiene que ser fungible y uniforme, lo que en la jerga llama “singleness”. Un peso o un dólar valen lo mismo sin importar dónde están depositados; esa homogeneidad la garantiza el banco central con una unidad de cuenta común y un sistema de pagos integrado.
Con las stablecoins, ese principio se rompe. Un USDC en Ethereum y un USDC en Solana deberían tener el mismo valor, pero en realidad son tokens distintos, no fungibles entre sí. Tether (USDT) opera en 107 redes y USDC en 125, lo que implica “107 Tethers diferentes” y “125 USDC diferentes” a nivel de liquidez y funcionamiento. Para mover valor entre cadenas hace falta usar puentes: protocolos que bloquean tokens en una red y emiten una representación en otra. Además de costosos y lentos, esos puentes han sido un vector crítico de riesgo: Chainalysis estima que entre 2021 y 2024 los ataques a bridges generaron pérdidas por más de U$S 2.500 millones.
El resultado, resume Shin, son “stablecoins del mismo emisor existiendo en múltiples formas no fungibles a través de diferentes blockchains, fragmentando la liquidez y socavando los efectos de red que deberían ser la fortaleza de un instrumento de pago ampliamente adoptado”. Esa fragmentación no es un accidente operativo: deriva de cómo se pagan y se incentivan los validadores que sostienen el consenso en redes públicas.
Congestión como modelo de negocio, no como fallo técnico
El paper del BIS va a la raíz de la economía de las blockchains. En redes públicas y permissionless, los validadores necesitan una recompensa suficiente para asumir el costo y el riesgo de coordinarse en un sistema descentralizado. Esa recompensa son las “rentas de congestión”: las comisiones (gas fees) que pagan los usuarios para que sus transacciones entren en bloque.
En la práctica, esas comisiones se fijan por subasta. En períodos de alta demanda, se desatan “bidding wars” entre usuarios que compiten por prioridad: suben las tarifas hasta que solo los más dispuestos a pagar logran ser procesados primero. Shin muestra que, a medida que crece el uso de una blockchain, también crecen sus gas fees; es un patrón que ya se vio en Ethereum y otras redes de capa 1.
Su modelo formaliza esa intuición:
- Los usuarios sensibles al precio, hartos de pagar comisiones altas, migran a blockchains más baratas.
- Los usuarios que valoran más la seguridad se quedan en la cadena congestionada, porque una red más usada y cara suele implicar un umbral de coordinación más alto y, por tanto, mayor seguridad.
Esa separación de perfiles genera proliferación de redes: algunas optimizadas para seguridad y otras para costos bajos. Pero ninguna puede ofrecer simultáneamente descentralización fuerte, seguridad alta y escalabilidad sin congestionarse, lo que Shin vincula directamente con la “trilema de escalabilidad” de Vitalik Buterin.
“Más blockchains seguras, con un umbral más alto para lograr coordinación, tienen que ofrecer recompensas más altas a los validadores para compensar los riesgos de una potencial descoordinación”, escribe. “La capacidad de la blockchain se fija desde el inicio para garantizar que un flujo suficientemente alto de rentas llegue a los validadores… En este sentido, la congestión de la blockchain es una característica, no un bug.”
Layer 2 y bridges: ¿solución o más fragmentación?
Frente a la congestión de capa 1, la industria suele proponer dos antídotos: soluciones de escalado en capa 2 (rollups, sidechains) y puentes entre redes. Shin es escéptico con ambos.
Sobre las layer 2, argumenta que no comparten un pool de liquidez ni un mecanismo de liquidación verdaderamente común, por lo que actúan como “agentes de fragmentación” similares a lanzar nuevas cadenas base. El usuario puede ver tarifas más bajas y confirmaciones más rápidas, pero el sistema global de pagos queda repartido entre múltiples dominios de liquidez que no son perfectamente sustituibles entre sí.
Los bridges, por su parte, añaden fricción y riesgo: transferir una stablecoin entre redes insume tiempo, comisiones adicionales y exposición a fallos de contrato inteligente o ataques. Además de los U$S 2.500 millones en exploits sobre puentes en tres años, el propio BIS subraya que estos mecanismos generan complejas dependencias entre cadenas, aumentando el riesgo sistémico.
El saldo, sintetiza, es que “las infraestructuras descentralizadas vienen con una tendencia incorporada hacia la fragmentación que opera en contra de los mismos efectos de red que dan al dinero su valor social”.
“El futuro se ve un poco basura”: el diagnóstico duro del BIS
El texto no dice que las stablecoins sean inútiles: reconoce que son “un kit muy ingenioso” para ciertos casos de uso, especialmente en mercados con controles de capital o sistemas bancarios ineficientes. Pero insiste en que no pueden reemplazar el rol de un dinero único y universalmente aceptado mientras reposen sobre una base de blockchains fragmentadas, costosas de coordinar y con incentivos que dependen de la congestión.
Las tres conclusiones fuertes del paper son:
- La descentralización tiene costos irreductibles y los pagan los usuarios, más por incentivos que por computación. Cuanto más descentralizado el sistema, más altos los costos de coordinación.
- Para ser económicamente sostenibles, las blockchains públicas necesitan congestión. Las layer 2 no la eliminan, solo dispersan la actividad en más plataformas no fungibles.
- Las stablecoins heredan esa fragmentación, lo que choca con la necesidad de “singleness” que define al dinero. Según Shin, esta fragmentación “no es meramente inconveniente: es estructuralmente incompatible con los efectos de red que dan al dinero su valor social”.
O, en sus propias palabras: “Las infraestructuras descentralizadas vienen con una tendencia incorporada hacia la fragmentación… La fragmentación es el reverso del ‘trilema de escalabilidad’ de la blockchain”.
Para una industria que lleva años presentando a las stablecoins como el reemplazo inevitable del dinero bancario, el diagnóstico del BIS es incómodo: si el futuro del dinero se monta tal cual sobre las rails actuales de blockchain pública, ese futuro —al menos en términos de estabilidad y unidad de cuenta— “se ve, en el mejor de los casos, un poco basura”.


















